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Las Nuevas Tecnologías

La tecnología desempeña un importante papel en la detección y prevención de los desastres.

La década de 1990 ha sido declarada en la XII Asamblea General de las Naciones Unidas, como Década Internacional para la reducción de las Desastres Naturales (DIRDN). Con la ayuda de las nuevas tecnologías, entre ellas la espacial (satélites de teledetección), la de las comunicaciones (telemática) y la de los censores, gran cantidad de científicos (meteorólogos, vulcanólogos, etcétera) están dedicados a estudiar el origen y desarrollo de estos fenómenos. El objetivo es tomar las medidas necesarias con el fin de moderar los efectos de los desastres naturales y educar a la población para afrontarlos y contrarrestarlos en la medida de lo posible.

Las imágenes satelitales permiten contar con la cartografía de las zonas de riesgo como, por ejemplo, de las áreas fácilmente inundables.

Por medio de satélites, como el GPG —que es controlado por la estación espacial National Aeronautics and Space Administration (NASA)-, se pueden medir los desplazamientos de las placas tectónicas, aunque sean milimétricos, lo que permite advertir sobre una futura actividad sísmica o volcánica.

Los satélites de percepción remota, que utilizan técnicas fotográficas con rayos infrarrojos, pueden emplearse para detectar modificaciones en la densidad de la vegetación en zonas proclives a las sequías. También hay satélites meteorológicos que permiten la predicción y seguimiento de las tormentas tropicales.

Asimismo, la NASA ha desarrollado un escáner térmico multiespectral de infrarrojos (TIMS) que opera desde un avión y permite detectar los cambios en la temperatura del magma de los volcanes. Esta información resulta sumamente útil para predecir sus erupciones o seguir la evolución de las nubes eruptivas.

Estados Unidos es uno de los países más adelantados con respecto a la detección de los movimientos sísmicos. Cuenta con un sistema de sismógrafos digitales computadorizados instalados en distintos puntos del sur del Estado de California, que brinda información muy precisa sobre temblores percibidos en cualquier parte del planeta.

Este país presta especial atención a este fenómeno en el sudoeste de su territorio debido a la presencia de la falla de San Andrés, que recorre California de norte a sur a lo largo de 1.000 kilómetros. Esta falla marca el límite principal entre las placas del océano Pacífico y la de América del Norte.

La placa del Pacífico se desplaza hacia el noroeste a razón de cinco centímetros por año, por lo que en esta zona de contacto se producen, con relativa frecuencia, pequeños sismos. Sin embargo, algunas veces, la presión se acumula durante años hasta que un gran terremoto la libera. Ejemplo de ello fue el que sacudió la ciudad de San Francisco en 1906.

En la actualidad, los sismologos pronostican en esta zona un gran terremoto los próximos veinte años, al que denominan Big One, que podría ocasionar la separación de la zona costera del territorio continental. Varias ciudades, como San Francisco o Los Ángeles, podrían desaparecer bajo los escombros.

Las Naciones Unidas patrocinan redes de computadoras destinadas a la prevencion de desastres: Unienet y el Banco de Datos sobre Desastres son dos de los más importantes.

  • Unienet es una red de computadoras que permite a todas las personas del mundo que se ocupan de desastres mantenerse en contacto. Así pueden disponer instante de antecedentes e información operativa relacionada con ellos. Unienet funciona en forma conjunta con los organismos de las Naciones Unidas y otras organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales.
  • El Banco de Datos sobre Desastres contiene más de 5.000 descripciones de desastres desde 1900 hasta la actualidad. Allí figuran la asiduidad con que se presentan, las zonas más afectadas por ellos, etcétera, a fin de crear los mecanismos para su prevención.

LOS DESAFÍOS PARA EL SIGLO XXI

Con frecuencia, los desastres naturales echan a perder los esfuerzos y las inversiones de muchos años. Por ello, Los desafíos para este siglo son:

  • Reducir la pérdida de vidas humanas y de bienes económicos mediante La información y la educación de la comunidad mundial acerca de cómo prepararse contra los desastres;
  • Emprender un esfuerzo mundial concertado para La formulación de programas y estrategias con el fin de reducir el nivel de vulnerabilidad de Las sociedades ante este tipo de desastres, teniendo en cuenta las diferencias culturales y económicas entre las naciones;
  • Compartir La tecnología entre los países y capacitar a los profesionales de los países en desarrollo para que puedan utilizarla;

Considerar los gastos en la prevención de los desastres como parte del proceso de desarrollo de un país, y tratar especialmente de que los gobiernos de los países más pobres Lo incluyan en sus presupuestos.

Planeta SEDNA -Abril  2007

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